En este documento elaboramos una síntesis de la coyuntura del último año desde el punto de vista de la problemática de las Pymes y exponemos algunas de las principales propuestas para enfrentar la emergencia productiva, laboral y social
Tal como lo hemos venido sosteniendo desde mediados de 2007, las Pymes de todo el país padecen un progresivo deterioro en los niveles de rentabilidad, producto principalmente de un proceso inflacionario empujado por las grandes empresas formadoras de precios. Estas últimas obtuvieron, según lo exponen sus balances, superutilidades que en muchas ramas superan con creces la media de la rentabilidad mundial.
El lockout patronal de los productores del campo en el primer semestre de 2008 produjo un desaceleramiento en el crecimiento de la economía, y a partir de ese conflicto muchos sectores influidos por el establishment, sus “gurúes” y los medios concentrados de comunicación, que auguran y promueven la pérdida de “confianza” en el ordenamiento económico, han sido fácil presa de cuanta versión apocalíptica se publica, alterando patrones de consumo, inversión y ahorro.
Así se produjo en su momento desabastecimiento de productos y aumentos de precios especulativos. Esta situación no logró alterar en forma substancial las grandes variables macroeconómicas, con incremento interanual de recaudación
fiscal, superávit fiscal y comercial y mantenimiento de un buen nivel de reservas de divisas.
En este período el sector Pyme siguió insistiendo en los cambios estructurales que significaran reformas sustanciales del sistema financiero, fiscal, régimen laboral, normas de compras del Estado, protección a la industria nacional y otras
que se sintetizaron en la propuesta de la entidad titulada Plan Integral para el Fortalecimiento de Pymes, enriquecida y particularizada con aspectos regionales por las delegaciones de APYME. Nuestras propuestas se orientaban en este marco a producir los cambios estructurales que crearan las condiciones necesarias para el desarrollo de las Pymes y la redistribución de la riqueza.
Gurúes y profecías autocumplidas
En los últimos meses nuestra entidad ha venido solicitando a las autoridades nacionales que convoquen a todas las entidades representativas del sector para aportar propuestas ante los efectos de la crisis internacional, en el marco de una profundización de las políticas redistributivas orientadas al desarrollo con inclusión social.
El estallido del sistema financiero de los Estados Unidos y la caída de los grandes fondos de inversión han generado la más profunda crisis sistémica desde 1930, dejando al descubierto la falacia de la autorregulación virtuosa de la economía a cargo del “mercado”. Tales acontecimientos ponen en evidencia el definitivo fracaso del paradigma neoliberal expresado en el Consenso de Washington.
La profundización y generalización de la crisis financiera-económica internacional, el derrumbe del precio de los comodities, recesión en los países llamados centrales, con sus consecuentes efectos sociales entre otros aspectos, comenzó a afectar la economía de nuestro país, principalmente desacelerando el crecimiento económico sostenido de los últimos años.
Un dato insoslayable de la realidad es que las condiciones macro son mejores substancialmente con respecto a anteriores momentos de emergencia. Crecimiento del PBI en más del 60% desde 2002, reservas por encima de los 46.000 millones de dólares, mantenimiento del superávit fiscal y comercial, la baja del desempleo y reorientación del perfil económico, desde una fase especulativa como forma predominante en los años 90 hacia otra de producción y mayor inserción social, junto con un sector bancario líquido y una flotación controlada del dólar son las principales características de la actual situación.
Hoy, cuando ante la crisis el establishment económico neoliberal profundiza sus admoniciones agoreras a partir de datos muy parciales de la realidad, acompañado, otra vez, de un coro de pesimistas opinólogos de los principales medios oligopólicos de difusión, las grandes empresas adelantan vacaciones, suspenden y no renuevan a los operarios contratados con el pretexto de la crisis global para no bajar su rentabilidad que fue extraordinaria en estos años y reducen o eliminan órdenes de trabajo a las autopartistas y posponen pagos, vendiéndoles a las Pymes al contado cuando éstas tienen que cobrar a sus clientes en plazos de 30 a 120 días.
Medidas gubernamentales
Ante esta situación el gobierno nacional ha venido dando pasos significativos en lo que hace a fortalecer el rol del Estado y resguardar la producción nacional, afrontando y promoviendo debates en el Parlamento en torno a la reestatización de Aerolíneas Argentinas y la eliminación de las AFJP, cuestiones que el neoliberalismo y los sectores concentrados de la economía han tomado como un avance del “estatismo” (es decir, un Estado que no está a su servicio) y los torna más agresivos.
De modo consistente con la dirección que se dijo iba a dárseles a los fondos que administra el nuevo sistema, las últimas medidas promovidas desde el Poder Ejecutivo nacional en su mayor parte se orientan hacia el apoyo a la producción y el consumo. La creación del Ministerio de la Producción, en este contexto, es auspiciosa.
Nuestra entidad ha remarcado que ayudar a las Pymes para regularizar empleados, impulsar créditos con menores tasas e incentivar la demanda son avances ciertos. En cuanto a la regularización impositiva, es preciso especificar una diferenciación para el sector a fin de dotarla de la necesaria equidad. Nuestra entidad ha presentado a los legisladores nacionales una propuesta para incorporar al debate sobre algunos de estos puntos. La polémica “repatriación de capitales” es una medida que sólo puede entenderse en la emergencia, extremando los controles para evitar las
maniobras espurias y habida cuenta de cierto sesgo de aliento a la inversión productiva en su formulación.
Nos encontramos en un escenario de disputa, en donde está en juego quién soporta la crisis, y cómo se sale de ella: rindiéndose a las exigencias de las multinacionales para preservar sus privilegios o preservando el trabajo y la producción nacional en el marco de una integración regional sobre la base de la defensa de los recursos naturales y la dignidad de nuestros pueblos con redistribución de la riqueza.
La situación Pyme
El gobierno nacional ha reconocido con acierto el impacto local de la coyuntura internacional. Las medidas parciales tomadas desde el “reconocimiento” de los efectos de la crisis deben ampliarse y profundizarse con un criterio estratégico, priorizando el resguardo de los sectores más vulnerables, entre ellos las Pymes y los trabajadores (con o sin empleo).
Como hemos dicho, nuestro sector viene sufriendo mayoritariamente desde hace largos meses una caída de su rentabilidad a partir de un proceso inflacionario que significó una enorme transferencia a los sectores concentrados formadores de precios, por un lado, y al sector financiero vía tasas de interés por otro.
A esto se ha agregado la disminución de actividad de los últimos meses, a lo que se suma la ausencia de financiamiento adecuado tanto al consumo como a las empresas Pymes. Por lo tanto no resulta exagerado considerar que nuestro sector se encuentra en una delicada situación que de continuar o profundizarse será grave y sin malla de contención.
Nuestra entidad sostiene que la situación de las Pymes, que tienen su suerte atada fundamentalmente al mercado interno, debe diferenciarse de las grandes empresas, que en los últimos años han tenido súper ganancias y amenazan con despidos ante los primeros síntomas de retracción económica.
Para discutir verdaderos mecanismos de protección al empleo es preciso dar al conjunto del sector Pyme una participación acorde con su representación en el mercado laboral toda vez que se convoque a una mesa de negociación entre los sectores afectados para afrontar las turbulencias.
En este marco es necesario discutir un régimen específico que permita a las Pymes hacer frente a la necesaria protección del empleo y el resguardo de la situación de los trabajadores.
Las Pymes, que venían sufriendo inconvenientes en los últimos tiempos, aun antes de esta conmoción internacional, deben ser especialmente resguardadas, dado que constituyen el pilar de la “economía real” y proveen el 70 % del empleo.
Sin embargo aún no se ha otorgado al conjunto del sector una participación acorde con su representación en el mercado laboral, toda vez que se convoque a una mesa de negociación entre los sectores productivos y sindicales para afrontar las turbulencias externas.
Es momento de que el Gobierno priorice de manera definitiva al conjunto de las Pymes, que son las verdaderas generadoras de empleo y como tales fundamentales en la construcción de un verdadero modelo de desarrollo nacional con equidad social.
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